|
Esta
semana en las Américas Laura Carlsen | 28 de enero de 2004 |
|||
|
|||
|
Los dos acontecimientos que sacudieron México y el mundo el primero de enero de 1994 parecían no tener mucho que ver uno con el otro. El primero se había planeado cuidadosamente, bosquejado por más de dos años por algunos de los más ricos y poderosos hombres del continente. Ese día, entró vigor con carácter legal, el histórico Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), y puso en movimiento cambios previstos e imprevisibles por todo el país. El segundo acontecimiento también se planeó meticulosamente, aunque pocos lo sabían en el momento. El levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) fue impulsado desde las montañas de Chiapas por algunos de los más pobres y desposeídos hombres y mujeres del continente. Su desesperación produjo una rebelión que se desató hacia las ciudades chiapanecas y atrajo la atención de los medios internacionales. El levantamiento zapatista, que emergió como un rechazo a las políticas del libre comerció y como negación inmediata del TLCAN, expresó la tonalidad negra y blanca de una pobreza ignorada por demasiado tiempo. Diez años después, es la mirada retrospectiva la que conecta los dos sucesos. Aunque subsecuentemente creció y se expandió esa conexión, su oportunidad tuvo más que ver con la estrategia militar, que con una apreciación plena de que la fecha cobraría un valor simbólico. El vocero emblemático del EZLN, el subcomandante Marcos, se refiere a la convergencia entre el movimiento antiglobalización y el zapatismo como una de las mayores sorpresas que siguieron a la insurrección. Desde 1994, el zapatismo y el TLCAN son notoriamente caminos divergentes para el futuro de México y el planeta. El TLCAN es la matriz para futuros acuerdos en el hemisferio, en particular el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y los acuerdos bilaterales entre Estados Unidos y naciones más pequeñas. En marcado contraste, el zapatismo es abrazado por enormes y amorfos grupos de seguidores globales que protestan por la globalización impuesta y por los efectos de la integración económica. Enero, su cumpleaños compartido, resalta la disyunción entre dos visiones.
Reflexión de ambas partesEl décimo aniversario dispara, por supuesto, reflexión de ambas partes. La avalancha de evaluaciones oficiales en torno a los efectos del TLCAN, particularmente en México, arriba a una conclusión común: los resultados del acuerdo son desalentadores pero la culpa la tienen los factores externos, no el acuerdo mismo. Un informe reciente del Banco Mundial titulado La lección del TLCAN, culpa a “los grandes acontecimientos y el escaso tiempo” por las deficiencias del TLCAN. Según el Banco, los sucesos que confluyeron (especialmente el levantamiento zapatista y la devaluación de diciembre de 1994) y el período breve (apenas una década de TLCAN) hiceron difícil cosechar los beneficios no-cuestionados del libre comercio. El rechazo ocurrido en la reunión de la Organización Mundial de Comercio en Cancún, el diluido acuerdo del ALCA en Miami, la actitud renuente de Brasil y otros países del cono sur, prueban que el consenso del libre comercio en el hemisferio se ha roto. El TLCAN no puede ya alegar que es nuestro destino indisputado. Entre tanto, el zapatismo se puso en el centro del movimiento que demanda que el modelo debe rechazarse desde ya por ser un fracaso, y hace un llamado a situar primero la diversidad, la equidad y el desarrollo nacionales. Durante su campaña de celebración “20 y 10: el fuego y la palabra”, el movimiento examinó veinte años desde la fundación del EZLN y diez años desde el levantamiento. En más de 200 eventos políticos y culturales en 130 ciudades del mundo, los grupos de solidaridad organizaron exposiciones de foto, bailes, conferencias, presentaciones de libros, exhibiciones de documentales y eventos para los medios. En diez años, una acción militar en una sola entidad del país se tornó, con gran claridad, en alternativa política y cultural global. En los primeros días de ese tumultuoso enero de 1994 ocurrió un tercer acontecimiento. Nació nuestra hija. Sin saberlo, nació en la cúspide de lo que los zapatistas llaman “globalización de la muerte” y de la globalización, desde abajo, de una rebelión. Hoy, nuestra hija enfrenta dos futuros. Uno es impuesto desde arriba. Lo caracterizan la inequidad, lo ilusorio y el encogimiento de las opciones de vida. Es un futuro que enfrenta protestas muy extendidas, resistencia y oposición aquí en México y por toda América del Norte. El otro futuro está mucho menos calculado y se basa en la justicia, la comunidad y la diversidad. Será un futuro que se construya ella misma. Por lo menos en esa tarea, no estará sola. Traducción: Ramón Vera Herrera Laura Carlsen es directora del Programa de las Américas (en línea, ver www.americaspolicy.org ) del Interhemispheric Resource Center (IRC).
Publicado por el Programa de las Américas del Interhemispheric Resource Center (IRC). ©2004. Todos los derechos reservados. Cita recomendada: Ubicación
en Internet: Información de producción: |
|||