Bolivia concentra, hoy, la disyuntiva del futuro de América Latina

por Raquel Gutiérrez Aguilar | 5 de noviembre de 2003

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Bolivia concentra, hoy, todas las miradas de América Latina. Miran hacia los sucesos que siguen desarrollándose en esa mitad del continente, a modo de un difícil y prolongado parto, todos los hombres y mujeres comprometidos en los movimientos sociales, indígenas y populares. Y desde todas partes, desde Argentina, Ecuador, Venezuela, México--se expresa una gran simpatía por el valor con el que todo el pueblo de Bolivia defiende hoy sus recursos naturales y abre caminos para lograr construirse un futuro distinto a la miseria y la muerte neoliberales.

Miran hacia allá también todos los gobiernos de América Latina, los que firmaron la irreflexiva e intervencionista declaración de apoyo al presidente Sánchez de Lozada, que promovió la OEA bajo la presión del gobierno estadounidense. Seguramente, todos esos gobiernos que siguen implementando los planes de la depredación sienten el temor de correr la misma suerte que El Goni.

Estados Unidos considera crítica la situación. El gobierno de Bush intentó sostener al expresidente y defender el negocio de 6 mil millones de dólares que el pueblo les disputó, pero ya ni la iglesia, ni los Colegios Profesionales, ni los grupos de intelectuales y artistas, ni los políticos de su propia coalición apoyaron a Sánchez de Lozada: se quedó solo. Una auténtica lluvia de comunicados y manifiestos de todas las organizaciones sociales exigieron su renuncia. Ante la situación, el expresidente decidió huir a Florida. Después de su partida, muchos bolivianos consideran que su renuncia no es suficiente, y reclaman un juicio contra el expresidente y la revisión de las leyes privatizadoras que promovió.

Sánchez de Lozada fue el mandatario de un país indígena, pero su lengua materna es el inglés. La noche del miércoles 16 de octubre reiteró que no renunciaría y simuló "ceder" a las exigencias populares. Señaló que su gobierno "consultará a la población en relación a la venta del gas." Para el pueblo esta concesión fue un acto de desprecio y racismo, después de ver a los más de 84 muertos y 500 heridos, y cuando todas las ciudades del país estaban convulsionadas y unidas en un solo grito: "¡No a la venta del gas boliviano por las trasnacionales y para su solo beneficio!"

En realidad, Sánchez de Lozada no dirigió la palabra al pueblo boliviano. Habló para el gobierno de Estados Unidos y para los gobiernos que firmaron la indignante declaración de la OEA.

Sánchez de Lozada y los asesores norteamericanos construyeron cuidadosamente los argumentos que sacaron para justificar la represión y tratar de engañar a la opinión pública mundial. El hoy expresidente habló de la democracia amenazada... ¿por quienes? ¿Por terroristas y narcotraficantes? ¿Por criminales insurrectos? Sin duda es muy complicado calificar así a las ancianas aymaras que se enfrentan a los tanques con palos, o a la multitud, de más de cien mil almas desarmadas, que hoy se reúnen en la Plaza San Francisco para avanzar sobre el centro del gobierno.

Sin más alternativas, el gobierno de George W. Bush ha reconocido el gobierno de Carlos Mesa. En su declaración del 18 de octubre, el Departamento de Estado elogió al expresidente en el exilio por su "compromiso con la democracia y con el bienestar de su país" y destacó su apoyo a "la tarea esencial de reparar las instituciones nacionales." Sin embargo, el apoyo de Washington está claramente condicionado a dos aspectos: uno, la continuación de políticas contra el narcotráfico que limitan la producción de hoja de coca y que avanzan en la militarización del país. Dos, el respeto por "el imperio de la ley." Este último aspecto fue reiterado por el embajador estadounidense David Greenlee, que afirmó que los ocho millones de dólares en apoyos emergentes dependían de que Bolivia actuara dentro del "marco constitucional."

En Bolivia, mientras tanto, se concentra una disyuntiva. Es el sistema político mismo el que cruje y es una manera de arrebatar los recursos de los pueblos lo que se impugna. La multitud habla de que las riquezas del país sirvan para su propio beneficio y ya no para enriquecer a otros, a esos consorcios hoy abusivamente dueños del mundo. Y en eso tienen razón: son el país más pobre del continente y ya no soportan más.

También impugnan con la demanda de la asamblea constituyente una forma de democracia que, al menos en los Andes, se ha develado como una camisa de fuerza para dar cauce a lo que el pueblo considera correcto. En Bolivia cruje hoy, efectivamente, el "imperio de la ley". Pero la que cruje es la ley que amordaza y asesina a la gente pobre que reclama. No es el caos lo que viene, es el futuro. El caos es lo que se vive hoy: esa dictadura de las trasnacionales que hace que la vida se vuelva insoportable.

De la Asamblea Constituyente que quizá se abra paso a partir de estos esfuerzos que hoy miles y miles de personas están realizando en Bolivia, posiblemente surgirá una posibilidad de refundación de la convivencia social bajo otras formas. Por eso hoy todas las miradas se concentran en Bolivia, por eso es urgente contener al imperio.

Raquel Gutiérrez Aguilar: Matemática mexicana y colaboradora con el Programa de las Américas (www.americaspolicy.org) que vivió muchos años en Bolivia y tuvo participación cercana en el movimiento indígena.

 

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Cita recomendada:
Raquel Gutiérrez Aguilar, "Bolivia concentra, hoy, la disyuntiva del futuro de América Latina" Programa de las Américas (Silver City, NM: Interhemispheric Resource Center, 5 de noviembre de 2003).

Ubicación en Internet:
http://www.americaspolicy.org/commentary/2003/sp_0311bolivia.html

Información de producción:
Escritor: Raquel Gutiérrez Aguilar
Redacción: Laura Carlsen, IRC
Producción y diseño: Tonya Cannariato, IRC